Nuevas alternativas y estrategias de legitimación del arte

Eddy Camejo


Si hacemos una revisión al funcionamiento y operación de los espacios tradicionales de la exhibición del arte, podemos destacar que en todos ellos - desde el museo más antiguo, pasando los disímiles salones de arte hasta llegar a las galerías recién inauguradas - encontramos algo en común: la exposición como función medular de su operatividad. María Inés Rodríguez, en su texto La exposición, notas sobre la exposición y otras prácticas, señala que a pesar del tiempo, las exposiciones aún conservan un importante valor simbólico. Independientemente de si son eventos en instituciones privadas o en estatales, la exposición continúa siendo el lugar donde la obra se confronta con el público, el espacio de legitimación por excelencia [1].


Rodríguez comenta que las exposiciones han transitado una constante evolución en su planificación, diseño, espacio, evaluación, alcance mediático, su relación con el público y artistas, entre otros. Estos aspectos contribuyeron en la transformación que sufrieron los espacios tradicionales, hasta convertirse en lugares mucho más dinámicos, que sirven no sólo de plataforma para la discusión y evaluación, sino también para la experimentación. Pautas importantes las marcó Alexander Dorner, quien fue cabeza del Museo de Hannover a principios del siglo pasado y un infatigable promotor de artistas emergentes. A finales de la década de los ochenta, también en el siglo XX, hubo una importante exposición que dio origen a una de las máximas representaciones del arte británico contemporáneo. No hubo un director de museo, ni un promotor artístico detrás del proyecto, ni siquiera un museo como tal. ¿De qué se trataba entonces?


Freeze ¿Un nuevo paradigma?


Se trataba de una exposición temporal de tres partes, organizada por un estudiante del segundo año de artes de Goldsmith, en Inglaterra. Inició el 6 de agosto de 1988 y finalizó el 29 de septiembre del mismo año. La misma sirvió como punta de lanza para el importante grupo que hoy conocemos como los Young British Artists, YBA’S (Jóvenes artistas británicos). Para llevarla a cabo, contaron con el patrocinio de la London Docklands Development Corporation y la firma de desarrollo inmobiliario Olimpia & York, quienes les facilitaron un edificio vacío al sureste de Londres. El estudiante que organizó esta exposición también trabajaba a tiempo parcial en la galería Anthony D’Offay y en base a su experiencia, acondicionó el almacén en desuso para la muestra, pintando paredes e instalando la iluminación, en colaboración con otro de sus compañeros.