Los bellos sabores

Apuntes sobre el comer como experiencia estética


Alejandra Bemporad


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Abrebocas


Resulta curioso que el sentido encargado de percibir los sabores comparta nombre con una de las nociones fundamentales para comprender el hecho estético desde la época del Romanticismo. El gusto y el gusto. Cuando se habla de lo bello, sin embargo, solemos referirnos a los fenómenos del gusto estético y no a los del gusto sensorial. Catalogamos la belleza de muchos aspectos de la vida, pero no la de los sabores.


¿Por qué podemos asegurar que una melodía goza de gran belleza y no decimos lo mismo de una sazón? En el hecho culinario lo que se aproxima a la belleza se limita a lo que está destinado a nuestros ojos. Pero, ¿qué ocurre con las percepciones que no son visuales? ¿Acaso no son bellas? ¿Por qué, si el gusto estético es tan importante para determinar qué es bello y qué no, los adjetivos de belleza se mantienen tan alejados del sentido del gusto que le da su nombre?

Partiremos de la belleza en tanto sentimiento, ya que así nos aproximaremos a ella como algo más complejo que una condición perteneciente a un objeto. Comprenderla como una condición que es otorgada por la mente que la percibe nos permite establecer más vínculos entre lo bello y quien lo recibe. ¿Podemos, entonces, encontrar la belleza en el hecho de comer?




El sentimiento de belleza