El fenómeno autorreferencial

Gabriela Vignati


Featured article



El arte tiene especial predilección por lo inacabado y fragmentario, pues no exige en sí mismo una conclusión o cierre minucioso y ordenado. Por otra parte, el juicio del espectador sí que requiere tender un puente entre el fenómeno estético y la lógica acabada, finita, cuando intenta aprehender y sistematizar la experiencia artística. Entre la ambigüedad del arte y los procesos de recepción, que no son más que procesos lógicos constitutivos de la realidad, existe una relación de copertenencia.


Las manifestaciones artísticas tienden a un esquema abierto y tramposo, capaz de interrumpir el curso ordinario de la vida y estimular los sentidos, pero ello resulta insuficiente para suscitar la reflexión y evocar el verdadero placer estético. De cruzar el puente, convirtiendo al arte en objeto de análisis racional, basado en los conocimientos previos que definen el gusto, se deriva un deleite muy específico. Todo aquello que en la lógica es contradicción, imperfección e imposible, en el arte es recurso y artificio para permitirle a la mente una recreación insospechada. Así, en los nuevos horizontes de sentido propiciados por el arte, se permiten todos los tipos de rupturas y dificultades lógicas, originando fenómenos aporéticos como la autorreferencia.


La postmodernidad ha convertido la autorreferencia en un concepto elástico, con numerosas aplicaciones. Resulta pertinente observar este fenómeno e interrogar tanto su comportamiento como el del receptor que, buscando ese específico placer estético, se ve atrapado recurrentemente en loops de autorreferencialidad a través de casi cualquier medio: literatura, cine, televisión, plástica, teatro…