(Re)construcción de la identidad del sujeto en el cómic autobiográfico Fun Home

Gabriela Teresa Ortega


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Pensar la autobiografía es pensar en la memoria, reflexionar en torno a ese mecanismo de almacenamiento de recuerdos cuyas particularidades y funcionamiento complejo parecen traicionar lo que a simple vista aparece como el objetivo del género autobiográfico: reconstruir una vida. La memoria -juguetona, elíptica, fragmentaria, imprecisa, engañosa, inventiva- hace que los recuerdos se presenten sin ser llamados, de forma incompleta, a veces sin un orden cronológico, alterados por las emociones o por la acción del tiempo. Como ejemplar del género, Fun Home -la autobiografía gráfica de la historietista estadounidense Alison Bechdel- lleva a reflexionar sobre estas peculiaridades de la memoria tan decisivas para repensar, para comprender lo que termina siendo, en realidad, un relato autobiográfico, independientemente de su formato.




Figura 1. Narración intercalada de la abuela del personaje principal. (Fun Home. Viñetas 3 y 4 de la lámina 40).



Una de las cosas que más llama la atención en Fun Home es del detalle con el que se narran sucesos de hace tanto tiempo, así como la minuciosidad con la que son referidas las historias y las palabras enunciadas años atrás por los personajes. Alison parece recordar, por ejemplo, como si hubiese sucedido ayer, una anécdota del accidente infantil de su padre que su abuela solía contar (figura 1), al igual que los parlamentos ensayados por su madre para una obra teatral (figura 2). Debido a la natural imprecisión de la memoria humana, es posible figurarse la reconstrucción, la paráfrasis y las variaciones que Bechdel debió de haber hecho al insertar estos elementos en su narración. La propia autora no tuvo reparos en admitir las licencias respecto a la realidad pasada que se permitió en su cómic: evidentemente, su vida no tuvo esa coloración (pálido azul y blanco) que le imprimió al dibujo, por lo que se trató de una decisión estética tomada en el acto escritural; en cierto sentido, es como si estas fuesen las tonalidades frías con las que su memoria asociara los sucesos de su infancia y juventud, y con las cuales, según sus palabras, podría «transmitir el clima glacial de nuestra familia» [1].





Figura 2. (Fun Home. Viñeta 1 de la lámina 165).


Por ser cierto que rememorar no consiste nunca en traer a la memoria unos hechos tal y como fueron, se hace necesario abandonar la visión tradicional y un tanto ingenua respecto a la autobiografía a favor de la más acertada concepción de Paul Eakin, autor que habla de la imposibilidad de pensar la autobiografía como un género mimético y cognoscitivo [2], es decir, como un género que representa o proporciona conocimiento fiel sobre el pasado de un sujeto al repetir por escrito unos hechos acaecidos. Teniendo en cuenta esto, cobran sentido la palabras de Ángel Loureiro acerca del funcionar de la memoria en la escritura autobiográfica: «La memoria ya no sería un mecanismo de mera grabación de recuerdos sino un elemento activo que reelabora los hechos, que da ‹forma›» [3].



En relación con lo planteado, no se debe dejar de considerar, por lo que aporta al curso de esta reflexión, la lucidez con la que la narradora explica (y no solo narra) cosas de su infancia; el hecho de que no se limite a recordar los hechos, sino que, además, intente dar cuenta de lo que pudo haber detrás de ellos. En la narración ulterior, a Bechdel no le basta con hablar, por ejemplo, de la apariencia que su padre le dio a la casa familiar, de la forma en que este «podía convertir un jardín estéril... en un floreciente y exuberante paisaje»; [4] también imagina los motivos ocultos tras estas aficiones domésticas del padre: Bruce Bechdel, dice, «no utilizaba su artificioso ingenio para hacer cosas, sino para hacer que las cosas parecieran lo que no eran» [5]. Asimismo, en la rememoración del importante momento en que la pequeña Alison ve un cadáver desnudo, la narradora se pasea muy inteligentemente por las razones que pudieron haber impulsado a su padre a permitirle entrar a la sala de embalsamiento: «Tal vez aquella era la misma forma espontánea con que su gélido padre le había mostrado a él su primer cadáver. O tal vez estaba tan acostumbrado a la muerte, que esperaba que yo respondiera con una expresión natural de horror de la que él ya no era capaz» [6].



Son estos elementos añadidos no tanto al recuerdo mismo sino a su significación los que permiten vislumbrar que lo perseguido por Fun Home en tanto novela autobiográfica no es la recuperación y presentación en el texto de un pasado tal y como fue (un objetivo imposible de conseguir), sino, por el contrario, la (re)construcción, (re)creación y resignificación de lo vivido (posibilitado por el propio ejercicio de rememoración y composición). Así plantea Loureiro el asunto: «Al igual que no se puede reconstruir el pasado como fue, tampoco la autobiografía puede alcanzar la recreación objetiva del pasado, sino que consiste en una lectura de la experiencia» (cursivas mías) [7]. De acuerdo con esta reflexión y con lo que se puede ver en Fun Home, pareciera que aquella distancia temporal que solo hasta cierto punto implica una infidelidad al pasado constituye, al mismo tiempo, una ventaja para la escritura autobiográfica, puesto que ese pasado, contemplado e interpretado en retrospectiva, puede adquirir un mayor sentido. Es esto lo que, para Georges Gusdorf, constituye la esencia de la autobiografía:


La autobiografía es una segunda lectura de la experiencia, y más verdadera que la primera,puesto que es toma de conciencia: en la inmediatez de lo vivido, me envuelve generalmente el dinamismo de la situación, impidiéndome ver el todo. La memoria me concede perspectiva y me permite tomar en consideración las complejidades de una situación, en el tiempo y en el espacio (...) La autobiogra fía no consiste en una simple recuperación del pasado tal y como fue, pues la evocación del pasado solo permite la evocación de un mundo ido para siempre (...)[En la autobiografía] el pasado rememorado ha perdido su consistencia de carne y hueso, pero ha ganado una nueva pertinencia, más íntima, para la vida personal, la cual puede, de esta manera, y tras haber estado mucho tiempo dispersa y haber sido buscada en el tiempo, ser descubierta y reunida más allá del tiempo (cursivas mías) [8].


De allí que en la reconstrucción y la reinterpretación que termina siendo Fun Home sean solo algunos temas, episodios y personajes los que tengan un lugar privilegiado en la historia. Bechdel ha debido seleccionar -entre los recuerdos que la arbitrariedad de su memoria le permitía conservar- solo aquellos hechos que merecían ser rescatados por la significación que terminaron teniendo en su vida. Esta es la razón de que la autora se explaye en asuntos que, solo en una lectura superficial, parecerían accesorios, pero que en el curso de la lectura cobrarán importancia, como el origen y aspecto de la casa donde pasó su infancia, lo poco frecuente que era el contacto físico entre ella y su padre -detalles que revelan mucho sobre el carácter de sus relaciones familiares-, o la visión que tiene de una mujer con aspecto de hombre -«visión de aquella bollera camionera [que] me acompañaría durante años» [9]-. Hay un objetivo que se esconde detrás de esta consciente selectividad de la autora; se trata del objetivo de toda autobiografía, según lo exponen Loureiro y Gusdorf: hallar y (re)construir la identidad y la personalidad del sujeto autobiográfico a partir de la recreación de fragmentos del pasado, importantes por haber definido al sujeto y por haber alimentado su experiencia.


En este orden de ideas, pareciera que los hechos (recordados, deformados) que Bechdel narra no fuesen tan importantes por sí mismos, sino en tanto permiten una comprensión de su personalidad, puesto que, como lo diría Gusdorf, «la tarea de la autobiografía consiste, en primer lugar, en una tarea de salvación personal»: «el hombre que cuenta su vida se busca a sí mismo a través de su historia» [10]. Tras lo abordado, sería pertinente, pues, mostrar algunos aspectos que en el nivel diegético (se asume que también en su vida real) moldearon al personaje, para así conseguir hacer un recorrido por algunos de los mecanismos extradiegéticos y de las estrategias no solo narrativas sino también gráficas con las que la autora de Fun Home consigue (re)construirse a sí misma en la composición de su novela. En este sentido, se explorarán la caricaturización del yo-gráfico, el relato de filiación, la combinación palabra-imagen y los juegos analógicos e intertextuales como estrategias de representación y reconstrucción de la identidad del sujeto autobiográfico.



La estrategia más evidente de reconstrucción de identidad del sujeto en Fun Home tiene que ver con algo que erróneamente se concibe solo como un caprichoso asunto de estilo: la aparición gráfica de la autora-narradora-personaje. Alfredo Guzmán Tinajero, en Figuraciones del yo en el cómic contemporáneo, opinaba que el yo-gráfico (y ya no solo el nombre del personaje) era el elemento que en el cómic permitía establecer el pacto autobiográfico [11]. Pero por algunas ideas que Bechdel expone a lo largo de su novela y también por las características intrínsecas a todo dibujo, pareciera que en este yo-gráfico, como se verá, recayera una importancia mayor.


En diferentes momentos de la novela, la autora manifiesta una antipatía por lo que ella considera una discordancia entre la apariencia y la realidad. Cuando hace referencia a la obsesión decorativa de su padre, Alison confiesa sentir «franco desprecio hacia lo puramente ornamental» [12] y equipara esos «adornos» amados por Bruce Bechdel con «mentiras»: «nuestra casa [dice] no era un verdadero hogar, sino el simulacro de un hogar, un museo» [13]. A lo largo del relato, la autora hace comprender que el afán del padre por el orden -manifestado, por ejemplo, en el episodio en el que golpea a uno de sus hijos por sospechar que colocó un jarrón en el lugar que no le correspondía- no era más que una forma de paliar el propio desorden de su vida interior y de sus relaciones familiares.


Fiel a aquella antipatía y a aquel desprecio, Bechdel se negó desde su infancia a vestirse y adornarse de la manera que, según las convenciones, correspondía a las señoritas. Su personalidad estaba muy lejos de aquella «feminidad» que para ella se asociaba a esos vestidos y pasadores de pelo que su padre, queriendo ver en ella a una princesa, la obligaba a llevar (figura 3). En cambio, sí la sentía cerca del extremo opuesto, de la «masculinidad» que asociaba con la conducta ruda y la apariencia descuidada que empieza a adoptar. De allí la satisfacción experimentada por el personaje en la escena en la que se viste con los trajes masculinos de su padre (ver figura 4) que la hacían sentir cómoda consigo misma, «como si de repente hablara con fluidez un lenguaje que nunca me habían enseñado» [14].




Figura 3. (Fun Home. Viñetas 2-5 de la lámina 96).

Figura 4 (Fun Home. Viñeta 3 de la lámina 182).



Teniendo en cuenta la relevancia que para la autora tiene la puesta en escena del género en lo que respecta a la representación de la identidad, se puede comprender la importancia que para la construcción en el texto del sujeto autobiográfico tiene la caracterización gráfica de Alison. La autora se dibuja a sí misma, desde la primera viñeta, de una manera ambigua que, de no conocerse la identidad de la autora, de no aparecer vestida «de niña» en algunas ocasiones y de no estar las referencias dentro de la novela a su nombre y sexo, haría difícil saber que se trata de una chica (ver figura 5). No es casual que desde estas representaciones de su niñez -es decir, antes de que hubiese definido su sexualidad- la autora se haya presentado tan diferente en apariencia y conducta a una niña, como si quisiese resaltar reiteradamente que ese rasgo (que no se sabe hasta qué punto era tan visible entonces para el resto) no era esencial a su identidad y que, por el contrario, su aspecto de «marimacha» (como ella misma lo llama), eso que para ella es manifestación de su sexualidad, la había acompañado siempre y se había empezado a formar en la infancia.




Figura 5. Primera aparición de Alison Bechdel. (Fun Home. Viñeta 1 de la lámina 3).



La representación por medio del dibujo, pues, fue un primer paso fundamental para que la dibujante reconstruyera su propia identidad en la autobiografía. Y es que no hay que pasar por alto lo que para Daniele Barbieri, en este sentido, constituye el acto de dibujar: representar ciertos rasgos en detrimento de otros, [15] «saber crear unas imágenes que subrayen los aspectos del objeto que son importantes para el discurso que se quiere hacer» (cursivas mías) [16]. La caricatura que de sí misma hace Bechdel pone el acento solo en ciertos rasgos y «nos simplifica la comprensión de la imagen» [17]: hace ver, por ejemplo, más allá de lo señalado hasta ahora, la frialdad y la contención con las que Alison aprendió a actuar -influencia de la personalidad de su padre y del ambiente familiar- en situaciones dolorosas o sorpresivas, como ante su primera visión de un cadáver (figura 6) o al referir a otros la noticia de la muerte de su papá como si deseara «detectar en mi interlocutor un estremecimiento de dolor que yo estaba eludiendo» (figura 7). Asimismo, a través de la síntesis que significa todo dibujo en un cómic, la representación de Bechdel permite evidenciar lo parecida que físicamente era ella a su padre y la significación que, en retrospectiva, pudo tener para ella esta semejanza, puesto que resonaría en otros aspectos.



Figura 6. Aspecto exterior de Alison Bechdel tras entrar por primera vez en la sala de embalsamiento. (Fun Home. Viñeta 2 de la lámina 45).




Figura 7. Impasibilidad de Alison al hablar sobre la muerte de su padre. (Fun Home. Viñetas 3-5 de la lámina 45).


El paralelismo que la propia Alison traza entre ella y su padre no es algo que se manifieste únicamente en la representación icónica del dibujo; también se observa en el contenido y en la estructura misma de la novela. Alison reconoce en varias oportunidades la influencia de su familia en la formación de su personalidad: en unas láminas en las que muestra a sus padres ocupados en sus aficiones e incapaces de atenderla, la autora dice haber copiado aquel ejemplo y haber aprendido de ellos a hallar satisfacción en los talentos desarrollados en su aislamiento, en su «soledad creativa» [18]. Bechdel admite, no obstante, que el otro más influyente en la construcción de su personalidad fue su padre. Que la autora dedique tantas viñetas a describir los hábitos domésticos del papá, así como la juventud y muerte de este es una manera de adentrarse en la personalidad de aquel -a través de diversos aspectos- para así, más que poder recordarlo, poder entenderlo. Para Bechdel pareciera que así como el aspecto de la casa, la belleza de los jardines, el contenido de los libros que leía el padre y los autores que admiraba eran datos sintomáticos de lo que era Bruce -un «marica», «libidinoso. Maniático. Martirizado» [19]-, así también eso que su padre había sido dejaba una huella profunda en lo que ella misma llegaba a ser, ya fuese por influencia directa [20] -como el acento pueblerino heredado por vía paterna- o por un efecto invertido -como la falta de «masculinidad» paterna que ella intentaba compensar (ver figura 8)-.