El gesto reversible

Ciclo de conversaciones con artistas y otros creadores en torno a vida, arte y obra


Alberto Bueno Rangel



a.

Miguel von Dangel: breve cosmos de los Libros del desesperanto

II*


Alberto Bueno Rangel: ¿Qué te movió a crear los Libros del desesperanto?


Miguel von Dangel: Empecemos con el dilema originario de los clásicos griegos y romanos para quienes la pintura fue arte mecánica, no liberal. Por supuesto, en las artes liberales la literatura fue y es fundamental, la poesía, la poiesis… Entonces los Libros del desesperanto son una manera de “sacarme la espinita”, quizás…, y hacer libros, pues.


AbR: Sí.


MvD: Tuve amistad con un librero y, en un momento dado, me dijo que yo no era un típico pintor, los cuales no son necesariamente muy leídos, ni les interesa mucho ser intelectuales. Éstos se sienten más atraídos por el lado artesanal que el cerebral. No hay que prejuzgar, pero no son precisamente gente culta. Hecho que no los inhibe, al contrario, a veces libera su espíritu.


El caso es que ese librero me propuso hacer un homenaje a ciertos escritores. Así dibujé a algunos autores, pero como muchos proyectos ese quedó frustrado. Él los exhibió en Noctua, su librería. Sin embargo, eso no tiene que ver directamente con los Libros del desesperanto. Éstos surgen, ya he reiterado mucho esa anécdota…


AbR: Claro.


MvD: (…) Cuando visitaba a mi hija Salomé en Alemania, donde ella estudiaba Filología, y en ese momento…


AbR: ¿En Múnich?


MvD: Sí… En ese momento estaba claro que nos encaminábamos hacia una dictadura. Y yo pensaba, cuando regrese a Venezuela cómo le comunico eso a mi hija, sin que por ello sufra consecuencias; sin que lo que le diga la comprometa y sin que lo que Salomé responda me comprometa. Entonces surgió la idea de dirigirme a ella mediante una especie de escritura inventada; comencé a diseñarla, en el vuelo de regreso, sobre un folleto de la línea aérea, en el que había un mapa de la ruta que ésta hacía. Intervine el mapa y le dije algunas cosas, entre otras le advertí que cuando le escribiera en esa caligrafía, creada sobre la marcha, era porque estando ya en Venezuela, consideraba imprudente comunicar ciertos asuntos en los términos convencionales. Cuando ella viera que le escribía en lo que entonces definí como «Desesperanto», sabría que la situación se agravó al punto que no convenía hablarle en el lenguaje acostumbrado, pues. Eso necesariamente implicaba una revisión del idioma, del discurso y por ahí empecé. A la postre, dadas esas cartas… Uní sus páginas en formato folio, el usado por los tipógrafos según el canon áureo.


AbR: Sí, ese es un formato europeo; en el país tenemos uno equivalente, el cuarto de pliego. Hay también en los Libros del desesperanto la influencia de los manuscritos iluminados, miniados, de los libros de horas y crónicas medievales europeos.


MvD: Sí, de libros irlandeses, por ejemplo.


AbR: Y hay una posible referencia clave, la Biblia pauperum (Biblia de los pobres), profusamente ilustrada…


MvD: No la recuerdo, específicamente.


AbR: Una Biblia compuesta con imágenes, fundamentalmente, y textos brevísimos, destinada a los “iletrados” que en la Edad Media abundaban.


MvD: Ah… Conservo el facsímil de la traducción de la Biblia de Lutero.


Respecto a los Libros del desesperanto, entonces seguí con las cartas a Salomé; desglosé nuestra comunicación en una serie de temas ductores. Uno era el viaje en sí, el viaje físico en el que yo me encontraba en ese momento, después tenemos el viaje espiritual, el viaje conceptual; la ida, el retorno... Un asunto que para mí es sensible porque mis padres emigraron a Venezuela cuando yo tenía tres años. Por esa razón tuve que, por decirlo de algún modo, heroicamente, ganarme la nacionalidad desde niño. Porque siempre fui el hijo del extranjero, pues.


AbR: Bien.


MvD: Entonces descubrí que es parte de la identidad venezolana el hecho de sentirse extranjero en su propia tierra. Lo confirmamos ahora, en dictadura, una vez más…


AbR: Quizás ese rasgo se intensifica en el caraqueño.


MvD: Bueno era lo que no me tocaba a mí como herencia, o como génesis, ser producto de la conquista y de la colonia. Pero sí, ciertamente, aquí hay una lucha por la identidad muy fuerte desde siempre.


La multiculturalidad, la multiracialidad, también integran ese tema. Después están los viajes iniciáticos. Luego la ubicación, el lugar; eso me lleva a trabajar sobre algo a lo que ya me había dedicado y sigo dedicado: la geografía, la cartografía, que va desde la anatomía personal interior y exterior a la proyección sobre el paisaje, y viceversa.


AbR: Como los clásicos griegos que personificaron ciudades y otros lugares.


MvD: Sí, la ciudad tiene cabeza, vías de comunicación, arterias, venas, estructura rígida; en fin todos esos elementos me permiten una reflexión muy interesante. De la transgresión de ciertas cosas surgía entonces el sacrificio, el costo de meterse en esos terrenos; en este caso lo obvio e inmediato era el exilio, el dolor del exilio.


AbR: Claro, el peligro.


MvD: También está el asunto de las utopías. En todo caso, fueron siete u ocho temas ductores combinables aleatoriamente que compusieron un discurso que se hizo interesante a la postre. Una vez que uno tiene una estructura de ese tipo ya no hay manera de regresar, te envuelve como un laberinto.


AbR: Hablabas de esos tópicos y…


MvD: Uno de los temas ductores es el lenguaje y, por extensión, las escrituras. Entonces vas descubriendo el sánscrito, los caracteres hebreos antiguos..., la manera de expresarse de los fenicios, la escritura en Grecia.


AbR: ¿Y la vinculación sagrada de tu lenguaje?


MvD: Creo que todos esos tópicos están vinculados con lo sagrado, en mi caso, sí, porque yo los enfoco desde cierta visión religiosa. Pero podrían ser profanos también. Aunque en mi trabajo son parte de un discurso de orden religioso. Específicamente cristiano y espero que haya algo de luterano en él, del origen religioso de mi familia.


AbR: Aprovecho la vinculación de estos motivos con…


MvD: Eso lo podemos llamar también “estilo”, si queremos entrar en el terreno de la ironía.


AbR: (…) Ciertos episodios constantes de la historia del arte y de la cultura, por ejemplo: Leda y el cisne, Judith con la cabeza de Holofernes, el Agnus Dei, la Virgen y el Niño, la piedad…, incluidos en los Libros y en el resto de tu obra.


MvD: Claro, es la manera de reflejar la obra en los Libros del desesperanto; también hay una necesidad muy obvia de ordenar el asunto. La necesidad de darle cohesión a un discurso que se ha hecho bastante complejo con los años, cuya complejidad va en detrimento de la capacidad y la expectativa de la gente. La gente no quiere pensar, la gente quiere que tú le ofrezcas. La gente no quiere buscar salida, la gente quiere que tú le des salida. Y los artistas que somos muy oportunistas y muy demagogos nos aprovechamos de ello. Entonces nos volvemos muy cómodos, al punto de que hay artistas que sustentan, y quizás con razón, no lo discuto, que no hay por qué explicar la obra; si la explicas te contradices, pues no la estás expresando correctamente. Cosa que puede devenir estupidez o rigor ortodoxo, no sé. Cada quien decide satisfacer su necesidad.


AbR: ¿Hay en los Libros del desesperanto la intención de conciliar el lenguaje escrito con el lenguaje pictórico. Es decir hay una aspiración simbólica totalizante?


MvD: Sí, lo que pasa es que a medio camino te consigues con que son lo mismo. Y puedes encontrar del lado de la literatura una respuesta del orden, por ejemplo, de la poiesis, que es el hacer, el actuar en este caso, y la mayoría de los pintores no se dan cuenta de que la pintura de ellos es artística en la medida en que refleja lo poético, en que va implícitamente como un medio de expresión de la poesía; tal como para el poeta la escritura no es otra cosa que un medio para liberar la poiesis. Y creo que muchos poetas tampoco tienen una reflexión clara sobre eso y creen entonces en la palabra, en la letra.


AbR: Hay muy buenas reflexiones de nuestros poetas en ese sentido, por ejemplo las de Rafael Cadenas, María Fernanda Palacios, Igor Barreto... Pero sí, hay quienes se dejan llevar por la escritura, por el medio.


MvD: Y no debe ser así, el medio es una posibilidad de expresión por la que se filtra y se libera el hecho poético. El hecho poético va más allá de la escritura, de la piedra del escultor, de la pintura, del color, va mucho más allá. Ahora para mí es fácil dar una respuesta de orden místico, es la palabra de Dios, es la manifestación del Espíritu Santo. Porque tengo esa formación de orden religioso. Un poeta como Neruda, con su materialismo marxista, no sé cómo resolvió eso, hablándole a la mujer desde lo hormonal o mediante la sexualidad, el amor… Sí, pero Hölderlin también resolvía eso con el amor y era de una manera totalmente distinta.


AbR: Sí, para Hölderlin el amor es manifestación suprema.


MvD: Quizás porque Hölderlin viene también de una formación religiosa, igual que Hegel, por ejemplo.


AbR: Sí, la naturaleza de Hölderlin tiene que ver con el unum, la consciencia cósmica de un espíritu mayor que se expresa…


MvD: Tienes por ejemplo al padre de la lírica, Arquíloco, quien entiende que la palabra y la poesía son armas, armas para luchar en contra de qué y en favor de qué. Habría que retomar esa pregunta. Creo que en más de 2000 años que han pasado de la cultura judeocristiana ya es tiempo de hacerlo. En vez de autodestruirse en la presunta bohemia y en la actitud de épater le bourgeois. Entonces hay que ver si ese es el camino o es otro. Usar el arte para dirimir sus propios complejos de culpa o de inferioridad, o de las fallas de uno, como temperamento o carácter es pecaminoso, no es correcto. El arte no se usa como lubricante para fornicar, debe ser otra cosa. El arte es más profundo, es sagrado. El eco del númen.


AbR: ¿Miguel, cómo es la temporalidad de los Libros del desesperanto?


MvD: Es un adelantarse hacia atrás… El hecho de buscar la profecía en el pasado, no profetizar hacia adelante.


AbR: Sí, y en la conformación de esos episodios clásicos, de los que mencionamos algunos, también hay escenarios del imaginario local, de Petare y Caracas, o episodios también de la vida del artista. ¿Podrías hablarnos más de eso?


MvD: Eso lo he reducido a una reflexión muy temprana. De no haberme quedado en Petare no hubiera percibido que lo universal tiene que partir necesariamente de lo local. Hacerlo al revés, como lo hace la mayoría de los artistas nuestros, es un error enorme. Pues lo que hacen es traer lo exógeno, lo extraño, lo que no permite interpretar la realidad que estamos sufriendo. Entonces te conviertes en un aventurero hacia adelante, bueno, está bien… Te vas a París y traes los planos abstractos de Mondrian; y entonces eres el gran artista. Pero Bárbaro Rivas salió de aquí.


AbR: Como dice un proverbio antiguo: «Cuenta tu aldea y contarás el mundo».


MvD: Bueno, exacto. Vemos la tragedia de Arturo Michelena y de Cristóbal Rojas con un talento enorme, una capacidad de mímesis maravillosa y terminaron frustrados por la traspolación de dos realidades incongruentes, luego de su estadía en Europa, el hecho de presenciar una condición de "libertad" que mucho más adelante devendrá fascismo.


AbR: Por cierto, los Libros del desesperanto favorecen la libertad de expresión de artistas y pensadores en contextos de totalitarismo.


MvD: Sí, aunque te anticipo que no veré el final del proceso con los Libros, eso les queda a Salomé y a Elisa [su esposa]. Les entrego el material explicado hasta donde pueda; es lo que hacemos, enumeramos las hojas y después reflexionamos sobre cada imagen…


El proyecto sigue en pie, la idea es que la mitad de esos libros, son cien, se entreguen a instituciones serias con el objeto de crear un fondo para contrarrestar la censura y el acoso en contra de los artistas e intelectuales, porque hasta ahora no existe un sitio de acopio o de denuncia en este sentido. Y el hecho de publicar estos libros en la red permitirá que cualquiera incluya una página suya y denuncie en desesperanto estados de arbitrariedad, cuando los esté sufriendo, y que esa ventana sea asequible universalmente. Entonces el proceso estará cumplido, esto es lo que me he planteado.


AbR: ¿Por qué son cien libros?


MvD: Sabes que después he descubierto que no soy el único que ha trabajado sobre el número cien. Los llamados centos o cientos, fueron poemas compuestos en la Edad Media. Aunque en mi caso, llegó un momento en que tenía que ponerle fin al proyecto…


AbR: Encontrar un número “redondo”.


MvD: Sí, y cien era un número “redondo”. En estos días vino un coleccionista. Yo le expliqué tiempo atrás el proyecto, y él sabe que yo estoy necesitado económicamente ahora, pues estuve enfermo, entonces me hizo proposiciones de comprarme piezas, dentro de las que no entraban obviamente los Libros del desesperanto. Y salió de aquí disgustado, me dijo: «Estás esperando que llegue el Guggenheim a comprarte eso, o el MoMA, no creas tú». Yo me quedé callado, porque es que ese es uno de los escollos que hay que superar. La gente cree que esos Libros son para los coleccionistas, para lucirlos en la sala de su casa; pero son otra cosa. Requieren entonces de una lectura mucho más respetuosa. En ese sentido, no creo que le vaya a ver el final al proyecto. Por esa misma falta de sensibilidad y de contención del fenómeno. Entonces, me queda terminarlo con mi mujer y mi hija… Dejarle eso como herencia, los cincuenta números para que los vendan y vivan… Y los otros cincuenta para donarlos a instituciones; pero si nos enteramos como en estos días ha pasado, que la biblioteca de la Universidad de Oriente se quemó, es un suceso terrible.


AbR: La imagen simbólica de la quema de esos libros es espantosa; como decía Heinrich Heine: «Allí donde queman libros, acaban quemando hombres».


MvD: Pero además para un tipo como yo eso es horroroso, porque esa es una de las instituciones a la que donaría alguna pieza. Y si no ocurre lo que pasó aquí, llega un “generalote”, le gusta una obra, se la lleva y ya está. Así desintegran las colecciones de nuestros museos, intercambian piezas de una colección con otra, y luego nadie sabe dónde están. Y todo el mundo feliz. Entonces comprenderás que uno tiene que recurrir a instituciones como el MoMA, pues, ¿por qué no?


AbR: Sí, conservan la memoria del mundo en su esplendor.


MvD: Una vez le doné una colección de sellos panare a la Universidad de Oxford, por ejemplo. Luego me respondieron con el envío del número de catálogo, el archivo donde estaban incluidos, y me dijeron que si mi país quería, y yo quería, que una vez los regresaran, con mucho gusto ellos estaban dispuestos a hacerlo.


AbR: Un buen protocolo.


MvD: Sí. Paralelamente le doné cien sellos a la Biblioteca Nacional, en la semana siguiente ya no existían.


AbR: Qué caso tan deplorable.


Volvemos a los Libros y al asunto de la libertad, hay una anécdota vinculada al origen del desesperanto, en la que Salomé es citada por la policía de Múnich tras recibir una de tus cartas…


MvD: Sí, ya yo tenía dos o tres años escribiéndole a mi hija cartas en desesperanto, yo le decía, por ejemplo: «los pigmeos del bosque de Ituri en África se manifiestan de tal manera»… Entonces dibujaba unos pies chiquitos caminando y que como huellas dejaban ciertas caligrafías…


AbR: Sí.


MvD: Eso implicaba que a veces las hojas eran abultadas en el sobre que yo le mandaba. Pues a ella la citó la policía de la ciudad de Múnich para preguntarle qué era eso. Obviamente casi era mejor dejarse de enviar cartas así para no causar problemas.


Sin embargo, yo podía mandarle un fax, pues en ese momento se usaba mucho. Y decirle, por ejemplo: «El gobierno devino dictadura». Todo lo que difiere del medio despierta suspicacia.


AbR: Sí, lo raro despierta la atención.


MvD: Lo distinto hay que eliminarlo, punto. Pero el artista que no es distinto, no es artista. Simplemente no es creador.


III


1. Miguel von Dangel en su casa–taller, El Dorado, Petare.



2. El artista delante de una sección de los Libros del desesperanto.


3. Uno de los Libros.



4. La biblioteca de los Libros del desesperanto.



5. Obra el pintor.



6. Detalle de uno de los Libros.



7. Von Dangel junto al retrato inacabado de su madre.


Fotografías: © Alberto Bueno Rangel, 2020.


* En la próxima entrega ofreceremos la sección primera de la conversación.













Miguel von Dangel (Bayreuth, 1946.) Pintor y escultor venezolano de origen alemán. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas. De trayectoria amplísima, destacan de sus numerosas exhibiciones individuales: Petare, De Civitate Dei, la más reciente, de 2014, en el Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas, galardonada como Mejor Exposición del Año por la Asociación Internacional de Críticos de Arte Capítulo Venezuela; Miguel von Dangel. Exposición antológica 1963–1993, de 1994, en la Galería de Arte Nacional; y su primera muestra presentada en la Sociedad Maraury de Petare, de 1965. Trabaja desde 2003 en los Libros del desesperanto, serie de cien libros de artista compuestos en un lenguaje inventado, el desesperanto. Fue distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas, en 1991; y con uno de los premios Eco–Art 92, luego de exponer en el marco de la Conferencia Mundial de la Tierra, en 1992; entre muchos otros reconocimientos. Representó a Venezuela en la Bienal de São Paulo, en 1983; y en la Bienal de Venecia, en 1993. Autor del libro El pensamiento de la imagen y otros ensayos, editado por Epsilón Libros, Caracas, 1997. Entre los libros que le han dedicado se encuentran: Miguel von Dangel, el niño, de Victoria de Stefano, editado por la Galería de Arte Nacional, Caracas, 1994; la biografía Miguel von Dangel y el renacimiento de un arte latinoamericano, de Eddy Reyes Torres, editado por la Universidad Metropolitana, Caracas, 2012. Reside y trabaja en Caracas.













Alberto Bueno Rangel (Caracas, 1984.) Escritor, editor, curador y docente. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. Coordinó el departamento de Publicaciones del Museo de Arte Contemporáneo. Ha sido profesor del taller de escritura del Instituto de Diseño Darias. Asimismo ha asesorado en diversos proyectos a la cátedra de Tipografía de la Escuela Prodiseño. Fundó y dirige el «Taller de Edición de Fotolibros: Detrás de la Mácula», en la Sala Mendoza, Universidad Metropolitana, desde 2016. En los últimos doce años, ha cumplido labores como editor de libros y otras publicaciones para escritores, artistas e instituciones nacionales como: Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (celarg), Galería de Arte Nacional (GAN) y Petróleos de Venezuela sa (PDVSA), y foráneas, entre las que se cuentan: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) de la Organización de Estados Americanos (OEA), Art Nouveau Gallery y Eurochannel. Ha presentado algunos textos sobre arte contemporáneo. También escribe poesía. Integró el Consejo Directivo de la Asociación Civil Luces para Venezuela, 2016–2020. Ahora, continúa su labor editorial y de escritura desde «Silencio», su laboratorio de creación ubicado en Caracas.



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