Reflexiones sobre la obra de Armando Rojas Guardia

Ramón Escovar León


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Armando Rojas Guardia retratado por Manuel Reverón


En el poema el alma hace conexiones, en el ensayo el espíritu las ordena


- María Fernanda Palacios

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En la obra literaria de Armando Rojas Guardia se encuentra presente, y de manera constante, el elemento autobiográfico[2]. En este rasgo encontramos recuerdos remotos y experiencias recientes del poeta, pero también reflexiones sobre la fuente de inspiración de su escritura.


En el prólogo a los dos tomos de las obras completas de Armando Rojas Guardia, Rafael Castillo Zapata advierte que “el escritor parece responder a la exomologesis cristiana evocada por Foucault en las páginas de Tecnologías del yo: obligación de saber quién se es, averiguando lo que ocurre dentro de cada uno, y deber de revelarlo a Dios o a la comunidad” [3]. Y esto le imprime ese rasgo autobiográfico al que me refiero.


Obra Poética. Caracas, Ediciones El otro el mismo, 2004.


Además la obra literaria de Rojas Guardia funciona en relación ”a la consideración constante de la presencia del Otro”[4]. Hay en su obra el “cultivo de sí que, más que descifrar una verdad del sujeto, constituye al sujeto como experiencia de verdad, como proceso que asume, y construye, una verdad para sí y de sí desde el diálogo[5].


En los ensayos de Armando Rojas Guardia he encontrado unos temas que presentan relación con los padecimientos psicológicos y la creatividad poética. Se trata del rol de la intuición y de la reflexión al momento de interpretar un texto literario y su posible relación con la creatividad literaria más elevada.

Bajo ese manto conceptual, observo que Rojas Guardia plantea sus temas a partir de su propia experiencia para ponerse ante el Otro, desde la perspectiva de la parrhesía, la cual, según Foucault se refiere


a la calidad moral, a la actitud moral, al ethos, si lo prefieren, y por otra parte al procedimiento técnico , a la tekhne, que son necesarios, indispensables para transmitir el discurso de verdad a quien lo necesita para su autoconstitución como sujeto de soberanía sobre sí mismo y sujeto de veridicción de sí para sí.

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Luego añade Foucault que la parrhesia es “el decir todo”, y ratifica con énfasis, así:


La cuestión en la parrhesia es lo que podríamos llamar, de una manera un poco impresionista, la franqueza, la libertad, la apertura, que hacen que digamos lo que tenemos que decir, como nos da la gana decirlo, cuando tenemos ganas de decirlo y en la forma como creemos necesario decirlo. El término parrhesia esta tan ligado a la elección, la decisión, la actitud de quien habla, que los latinos, justamente, lo tradujeron por la palabra libertas. El decir todo de la parrhesia se vierte como libertas: la libertad de quien habla. Y muchos traductores franceses, para traducir parresia –o para traducir libertas en el mismo sentido-, utilizan la expresión franc-parler [“hablar claro”], que me parece la más justa; ya verán por qué.

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Y en la obra de Armando Rojas Guardia lo que se percibe es un intelectual que en el ensayo y la creación poética “habla claro”. Eso se evidencia en la sinceridad cómo se plantea a sí mismo y el Otro sus problemas de orden psicológico.


Además de ese hablar claro, de esa sinceridad y libertad en el hablar, Rojas Guardia es un creador con alto nivel de reflexión. A esta reflexión se añaden algunos arrebatos de intuición, como se evidencia en su “Poema de la llegada”:


cuando tú vienes,

tú el vacío el nada el ya,

el que yo no sé su nombre,

ni interesa,

cuando tú vienes

me siento perder voz

me seco de palabras

sueno

simplemente

como tú,

sin queja sin golpe

sin crujido,

sueno

como tú

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En este poema aparece la intuición que acompaña la libertad al presentir eso que llega. Al mismo tiempo no hay que perder de vista el engranaje literario que está detrás de lo que llega para que se convierta en la hermosa pieza que es el "poema de la llegada". Si la intuición del poeta, no existiría este poema, aunque hay reconocer que también detrás esa intuición hay una hechura literaria que es producida por el hombre que reflexiona y piensa lo que escribe.


Uno de los aspectos que me planteo en la obra de Rojas Guardia es el rol de la intuición y de la reflexión en el proceso creativo para ponderar cuál debe prevalecer. Es decir, si la producción literaria nace de una reflexión detenida o, más bien, es producto de la intuición. El poeta luego de declarar su respeto por el componente intuitivo[9] señala que este debe ponderarse con la reflexión, y sostiene que “la combinación de esos elementos, el irracional e inconsciente y el reflexivo y controlado, es a lo que bien podemos llamar verdadera inspiración”[10]. Esta afirmación nos coloca frente al tema de la intuición (hunch) en el proceso creativo del poeta y del ensayista.


Rojas Guardia afirma que debe haber una combinación equilibrada de ambos elementos, un armonía sin desajustes. Este asunto resulta interesante porque en la obra de Rojas Guardia se advierte el elemento reflexivo de manera preponderante. Pero también un aparataje literario enorme; como él mismo ha confesado en uno de sus ensayos (“El calidoscopio de Hermes”): “Lo afirmo sin ambages: mis textos quieren ser, a conciencia, máquinas retóricas lo suficientemente bien diseñadas y lubricadas como para generar ese tipo específico de densidad mental que no se manifiesta sino a través del lujo sinfónico de la lengua”[11].


Este tema también se lo ha planteado Juan Calzadilla, quien contrasta la presencia de estos rasgos (intuición y reflexión) tanto en la prosa como en la poesía y sostiene que “La ventaja de la prosa es que con ella se puede pensar, en ella la intuición y la reflexión pueden desarrollarse en paralelo, aunque sin fundirse. En poesía, en cambio, la intuición contiene o ahoga el impulso reflexivo, o la torna innecesaria, ya que la poesía recusa todas las explicaciones”[12]. Me parece que esta afirmación de Calzadilla se distingue de lo sostenido por Rojas Guardia en vista de que para este esos elementos deben marchar en equilibrio.


En su ensayo Patología mental y escritura literaria[13], Rojas Guardia se plantea el tema de la producción literaria y su relación con las enfermedades mentales. Este ensayo predica la tesis de que la imaginación y creatividad literaria son habilidades de que disponen aquellos que padecen de alguna fisura psicológica. La tesis que desarrolla es producto de una reflexión teórica a partir de textos y opiniones de Nietzsche, García Bacca, James Hillman, Mickiem y Rafael López Pedraza. Contrasta este marco teórico con su propia experiencia vital para sostener que la creación poética está afincada en algún padecimiento psíquico como la depresión o la neurosis.


En adición a lo señalado, el poeta se apoya en su propia experiencia y sostiene que hay tres requisitos para que un texto literario se amolde a la locura; son los siguientes:


1. “El primer rasgo es que el texto aparezca liberado de ese literalismo que endurece rocosamente los significados y los pretende fijar para siempre”[14].


2. El segundo es que en el texto literario se halle “esa actitud ante lo real que conocemos bajo el nombre de incertidumbre”[15]. Y esta aporta dos ventajas: (i) la necesidad del riesgo “para afrontar lo real”[16]; la ambigüedad que permite que “nuestra visión de lo real se redimensione y relativice”[17].


3. Y el tercer rasgo lo constituye la imprevisibilidad y la oblicuidad[18].


Tenemos que Rojas Guardia repudia la interpretación literal del texto para evitar endurecer el significado. Merece comentar el rasgo de ambigüedad que Rojas Guardia le asigna al texto literario, porque este elemento permite potenciar el significado del texto literario. Pero esto ofrece el riesgo de que el intérprete pueda quedar en el aire, al no saber con precisión lo que el texto pretende decir. Sin embargo, esto se puede refutar señalado que en la literatura una dosis de ambigüedad y de vaguedad puede permitir que la imagen que proyecta sea verídica.


El manto conceptual señalado es el que le permite a Rojas Guardia establecer la relación entre la imaginación literaria y los padecimientos psíquicos. En este sentido, menciona como ejemplo “la mayoría de los poemas del libro titulado Falsas maniobras, de Rafael Cadenas, producto, tal vez, de una crisis psicológica de contenidos fuertemente neuróticos”. Esta es una opinión del poeta, pero lo que es una confesión, y como tal merece credibilidad, es que su obra poética y ensayística es producto de situaciones, al menos transitorias, de padecimientos psicológicos, es decir, de situaciones de locura.


El tema de la locura aparece en su poema “La desnudez del loco”.


La hora de bañarse era las doce.

Bajo la ducha todos, uno a uno.

Las paredes: amarillentas, desteñidas.

El sol del mediodía en las ventanas.

Atrás dejábamos el patio, los árboles inmóviles

y el rotundo imperio de la luz de agosto.

Nos devestíamos con priesa (el enfermero

Conminaba a hacerlo de ese modo).

Juntos y desnudos ante los cuatro grifos

De los que brotaba la ancestral terapia

Aplicable en estos casos: agua fría.

[19]


Su poema “Vísperas”[20] está dedicado a Carlos Pacheco, su compañero de seminario, en el cual destaca la adoración al prójimo. Este poema está dotado de un erotismo que va más allá de lo fraterno (aunque la relación con Pacheco sea fraterna, sin embargo, hay un elemento erótico que marca el poema), independientemente de la intención del poeta de relacionar el elemento homoerótico con una persona concreta que el lector pueda identificar.


Veamos:



Qué silencio

cuando madura el día

allá entre los montes

crepitando

Siento entonces tu olor

Y vengo junto a Ti, que suenas

como una melodía,

y