El espejo, la máscara, y el PHotoBolsillo de Vasco Szinetar

Manuel Vásquez-Ortega


Más allá de la portada

Serie Frente al Espejo: José Luis Borges (Caracas, 1982)


En el cuento breve de Jorge Luis Borges cuyo título introduce a nuestra reflexión, un espejo de plata y una máscara de oro son dos de los obsequios que el Alto Rey otorga a un poeta cortesano, a cambio de que éste escribiera la más bella de las historias sobre sus logros en batalla: “¿Te crees capaz de acometer esa empresa que nos hará inmortales a los dos? (pregunta el monarca, a lo que ...) –Sí, Rey –responde el poeta” (Borges, 1975). Sin embargo, en un sentido distinto a las ofrendas de la fábula, el reflejo y el rostro son dos nociones presentes en la serie Frente al Espejo de Vasco Szinetar (1948-), trabajo que da la bienvenida a la reciente edición que la Colección PHotoBolsillo de La Fábrica (España, 2020) dedica al fotógrafo venezolano. Un conjunto de retratos en los cuales, atraídos por los encantos propios de Szinetar, los personajes fotografiados son puestos frente a su misma mirada en cuartos de baño y habitaciones, entre otros espacios íntimos en los que el tiempo se convierte, más que nunca, en un recurso para la fotografía.


De cara a este escenario de espejos e interiores, la sentencia de Séneca de “a cada cual su máscara” –rescatada por Alejandro Castellote en el prólogo del libro, se convierte en una premisa recurrente en los retratos del fotógrafo y poeta caraqueño, en los que a través de la exploración de lugares, poses y recursos, el autor establece un vínculo contingente e irrepetible entre las miradas de los personajes implicados en el acto de la captura: el retratista, el retratado y sus futuros observadores, quienes en este caso nos enfrentamos a la recopilación de más de cuatro décadas de mirar y fotografiar, en una impecable publicación en la que ninguna persona permanece fija, pues entre ellas (y nosotros) ocurre una acción ineludible ante cualquier forma de retrato: la necesidad de buscar la mirada del otro. Vínculo visual y dinámico reflejado en superficies que dotan de complejidad e ilusoria espacialidad a la imagen, mientras nos hundimos en sus profundidades, tal Narciso en búsqueda de a quello que nos embelesa y que sólo se encuentra en la certeza de otros ojos.


Del PHotoBolsillo: Vasco Szinetar (La Fábrica, España, 2020)




Del PHotoBolsillo: Vasco Szinetar (La Fábrica, España, 2020)


Por su parte, en este proceso de observación y reciprocidad, sabemos que no podemos mirar un retrato sin que ‘eso’ que vive en él nos mire de vuelta, y aun así, parece ser nuestra presencia de espectador solo un impedimento ante el “afuera indeterminado, modo distinto e igual de infinito” (Nancy, 2006) en el que se concentra la meta ulterior de la mirada plasmada en la fotografía, lugar eterno y perdurable en el que habita la esencia de algo que fue/es real y que existe –ahora– en el campo misterioso de la imagen y la cámara oscura.


Empero, “un objeto o un acto no es real más que en la medida en que imita o repite un arquetipo” (Eliade, 1994), y bajo esta idea, la obsesiva repetición de capturas, formas y estrategias de Vasco Szinetar crea una historia –propia, real y nada exenta de mitología– en la que los espejos distorsionan la tridimensionalidad, e invierten la imagen para mostrarnos un momento autobiográfico del fotógrafo y sus acompañantes, en el que las superficies presentes crean una nueva paradoja: pues mientras el espejo se rehúsa a fijar la imagen más allá del reflejo inmediato, la cámara lucha por sujetar un presente lábil y escurridizo.


De la serie Frente al Espejo: Gabriel García Márquez (Caracas, 1982)



De la serie Re-Tratados: Salvador Garmendia (Biarriz, 1994)


Es allí donde aparece el tiempo como problema esencial (propio e incesante de la narrativa de Borges) del que ningún ser humano puede escapar, mucho menos prescindir. Contrariamente, en el caso de la obra de Szinetar, el tiempo es enfrentado por imágenes que llaman al otrora en pos de articular el pasado, en un acto permanente de revisión e interpelación de su archivo personal en búsqueda de nuevas posibilidades para sus fotografías, manteniendo siempre la ‘máscara’ característica que le permite a un rostro ser producto de su historia. Situación cronológica de la que Vasco brinda un testimonio auténtico e invaluable a partir de los interlocutores que dan semblante a un tiempo puntual, desde los ámbitos de la cultura, la política, entre otras áreas de interés público.


En este diálogo, intercambio o experimentación entre imágenes de archivo, Vasco Szinetar trasciende las barreras de la captura mecánica para cuestionar su obra desde la postura de un artista, que apoyado en la ‘pureza’ –en términos de Barthes (1989)– de la fotografía ‘de la máscara’, se encarga de imprimir en ellos un sentido. Significación posteriormente manipulada a través de metáforas y gestos a lo largo de series presentes en el PHotoBolsillo como El ojo en Vilo y Deconstrucción Salvaje, o algunas en desarrollo en las que continúa sus ejercicios de edición e intervención.


De la serie Deconstrucción salvaje: Carlos Zerpa (2019)


Finalmente, el retrato como “homenaje” (en palabras del propio autor) ofrece un atisbo de permanencia ante el inevitable paso de tiempo. Y es en esa pequeña promesa de eternidad en la que todos los ayeres se suman al pasado de todos los seres conscientes, donde el trovador de la fábula borgiana se encuentra con un Szinetar lleno de virtudes, en la creación de imágenes en las que, como poemas atemporales, el hoy es siempre todavía.


Referencias


Barthes, Roland (1989). La Cámara lúcida. Barcelona: Paidós Ibérica


Borges, Jorge Luis (1975). El libro de arena. Buenos Aires: Emecé


Eliade, Mircea (1994). El mito del eterno retorno. Barcelona: Altaya


Nancy, Jean-Luc (2006). La mirada del retrato. Buenos Aires: Amorrortu

Manuel Vásquez-Ortega (1994) es arquitecto por la Universidad de Los Andes (2018), donde actualmente se desempeña como Profesor del Departamento de Materias Históricas y Humanísticas. Desde el 2017 es coordinador de Espacio Proyecto Libertad. Reside y trabaja en Mérida, Venezuela.

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