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ROSSANNA BERMÚDEZ

Paraísos artificiales

2020

Tinta sobre tela

Dimensiones variables

PROYECTO SELECCIONADO POR

Lucas Ospina


"En cualquier circunstancia, el Tercer paisaje puede considerarse una parte de nuestro espacio vital entregada al inconsciente. Se trata de unas profundidades donde los acontecimientos se almacenan y se manifiestan de una manera aparentemente irresoluta".
G. Clément, en Manifiesto del Tercer paisaje

Paraísos artificiales constituye un lugar que se sitúa fuera del mundo, impregnado por los vestigios de un trópico suspendido en la memoria de las primeras manifestaciones pictóricas del "nuevo mundo" a modo de extensión evocando los eriales en su proximidad conforme a las modalidades biológicas del medio, con una adaptación permanente a las fluctuaciones del mismo, arraigadas a estructuras fallidas, de aquello que dejó de ser, una imagen residual que persiste debido a su imposibilidad de existir plenamente. Corresponde entonces a una ilusión de plenitud anacrónica, que se superpone como territorialidad de refugio, como artificio cuya vigorosidad radica en gran medida por su anticipada inexistencia.

La propuesta «Paraísos artificiales» de Rossanna Bermúdez propone, en palabras de la artista, “un lugar que se sitúa fuera del mundo, impregnado por los vestigios de un trópico suspendido en la memoria de las primeras manifestaciones pictóricas del ‘nuevo mundo’”. Se trata de una serie de imágenes en tinta sobre tela en medidas variables. La línea del dibujo intenta sostenerse a pulso sobre la rugosidad cruda del tejido. Este principio microscópico de fragmentación en el trazo se extiende a la configuración del paisaje: la verticalidad geométrica y lisa de columnas, paredes, capiteles y planchas arquitectónicas contrasta con una vegetación orgánica y estriada que crece en estos lugares abandonados de la presencia de lo humano. El trabajo es económico en elementos, es sencillo en su factura, es literal y abiertamente ilustrativo pero, por eso mismo, sobran las palabras. A golpe de ojo, y más allá del exceso discursivo, las imágenes son vistas directamente en el cerebro y habitan el mismo lugar, entre el sueño y la vigilia, adonde van a parar nuestras sensaciones más solitarias y vulnerables, todas esas divagaciones ociosas que intuimos en los tiempos muertos y que forman islotes ingrávidos de memoria. Como ante un biombo japonés o en la representación clásica de un paisaje hecho por un pintor chino de otro siglo, esta escenografía onírica es un espacio de contemplación que demanda comprender las construcciones de la cultura bajo la quimera de la ruina, de lo pasajero, de lo efímero, un bolsillo de tiempo que lo pone todo en perspectiva, encadena el material humano a la vegetación, a la cadena viral de lo real, a eso que los humanos simplificamos bajo el nombre de “naturaleza” pero que nos da forma, nos excede, nos mata y de nuevo nos da vida.

Lucas Ospina

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ROSSANNA BERMÚDEZ

Estudiante de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (Caracas). Ha participado en cursos de dibujo gráfico y artístico, de restauración de libros, además de formarse de manera autodidacta en ilustración y diseño gráfico.