Claudio Perna o cómo ser libre en la marginalidad

Texto curatorial de Roberto Guevara para el catálogo de la exposición Re-presentaciones: foto-grafías y acu-pinturas de Claudio Perna en la Sala Mendoza en 1981




Para la historia ha de resultar una lúgubre sorpresa relatar cómo el estrecho, húmedo y fresco valle, flanqueado por colosos verticales de tonos mutantes, fue devorado en apenas medio siglo por la avasallante metrópolis de "cemento y lágrimas”, como dice el poeta brasileño Chico Buarque. Y tal cual lo presenta en su famosa "Construcción", también aquí los moradores cumplen a diario la faena de construir un día posible entre tabiques sólidos y máquinas delirantes, organismos obsedidos bajo los mantos de tabaco y rosáceas toxinas flotantes. Entre ellos un tal Claudio Perna, relator apasionado del holocausto, conciencia silvestre de la ciudad, que ha tenido el mérito de ser defensor de verdores rastreros y plantas subrepticias; y lo que todavía es más importante, guerrillero de la dramática lucha para mantener que el mundo sea aún significativo, la visión aún verdadera comunicación, y cada ser humano una nueva cosmología.


Utilizando la marginalidad de los medios artísticos, Claudio Perna ha terminado por definir una estética de la marginalidad con sus trabajos en fotocopias, polaroids, eventos conceptuales grabados y dibujos en una personal proposición, donde cada uno de estos dos últimos medios se convierte en una posibilidad de renovación.


Su trabajo ha sido una verdadera iconografía urbana y social a partir de la experiencia personal. De tal modo que su obra, más que una investigación sistemática se desarrolla como un diario abierto donde se inscriben también algunos testimonios y testigos de afuera, no sólo el acontecimiento íntimo. Ha tratado la imagen con pasión, tratando de producir imágenes de intercambio, recurso para su verdadero propósito: el intercambio de imágenes con un público que no soporta ver ajeno y pasivo.


Quizás como ningún otro, para Perna la fotografía utilizada con medios sencillos y casi rústicos es tan sólo un medio para atrapar la mitología del instante. Pero al detener lo fugaz, también se establece la serie y la metáfora. Y como una evolución en el tiempo, de las fotos también pasa al trabajo que denomina “foto-grafías”, manera de esencializar de un viejo clisé familiar o encontrado al dudoso azar, aspectos sincréticos que dan base a una nueva obra.


Algo parecido sucede con sus "acupinturas" donde hay un volitivo olvido de las facturas reconocidas y de los tratamientos efectistas, para ir al encuentro del saber fresco del talento y la liviandad entusiasmante de las nuevas soluciones. Todo un decir nuevo dentro de temas eternos.


Para un hombre que abandona los boatos y los ropajes inútiles, la síntesis es imprescindible. Perna la opera en toda su obra como una constante. Pero tiene diversos orígenes y consecuencias


Síntesis por escogencia: toma de la realidad los puntos claves del encuentro con su experiencia individual, los contenidos que le ofrecen la ciudad y la vida. Y es así también síntesis por vinculación ineludible, por afectividad, por afinidades instintivas o subconscientes.

Síntesis por los recursos técnicos: por un proceso de filtraje del cual queda necesariamente lo más puro. Así decanta de la fotografía, de los esquemas usuales de la ilustración y de los catálogos industriales, de la silueta y la concisión de la línea.


Este proceso está íntimamente ligado a la autonomía del artista, esa libertad que comienza por ser posición humana, desprendimiento de ataduras, rechazo de los espejismos sociales y concluye precisamente en un don para aceptar la inmediatez de los gestos, los materiales exiguos y una puntuación especial suya para marcar los acentos del lenguaje.


Los dibujos y collages recientes (1980-81) son una cosecha sorprendente de habilidades y destrezas donde se aprecia más que el logro técnico, la propiedad para mantenerse libre y saltar de un dibujo a otro, de un procedimiento a otro, conservando la misma capacidad de asombro. Es una experiencia que se expande como la naturaleza sin pedir permiso a nadie. Perna inventa y dialoga, crea de su arsenal y también incorpora fragmentos de obras de sus compañeros de generación. Se ofrece con generosidad, al tiempo que sirve de vinculación.


Los contornos megalópolis, Claudio Perna conserva la inmensa ambición de la integridad. En el precario margen del superviviente de la urbanos o familiares persisten junto a los dioses, los pensamientos de varios tiempos y culturas rodean como aureolas sus dibujos, siendo a veces la propia materia de estos.

Trozos de papel brillante o arenas luminosas sirven para provocar el humor virulento y para transformar los errores y las dudas en rasgaduras reconstituidas. Suelto y en todas partes como la lluvia, Perna se nos presenta ahora con su madurez sin lastre como un gran ejemplo de dignidad creadora.


Por Roberto Guevara




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