AWA Cultura, o el homónimo de ser contemporáneos

Manuel Vásquez-Ortega


Reseña


“La interrupción, la incoherencia y la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida”, enuncia el epígrafe de Paul Valéry con el que Zygmut Bauman da inicio a su obra clave, Modernidad líquida (2000). Una frase que, lejana en tiempo y espacio a la actualidad venezolana, puede funcionar como lema explicativo de lo que somos como país en un presente extendido. Y es que, más allá de las desventuras en las que se desarrolla la cotidianidad de Venezuela, muchos son los años de trabas que no permiten la continuidad de una tradición, tras el recurrente abandono de proyectos del porvenir nacional, que arrastran a la deriva a nuestras estructuras sociales, hasta incluso permear en los ámbitos del arte, y con ello, en sus instituciones.


Por su parte, a 20 años de su publicación, la ‘fluidez’ argumentada por Bauman continúa en el encuentro de formas de validez y vigencia, hasta posicionarse como una reflexión fundamental para el entendimiento metafórico de la etapa ‘actual’ de la era moderna: Aquella en que los fluidos “no se fijan al espacio ni se atan al tiempo (…) –sino que, contrariamente– se derraman, salpican, se vierten, se filtran, gotean, e inundan” (Bauman, 2000).


En este mundo, desbordado de fluidos y posibilidades, mantenerse en paralelo a los logros y avances globales se aprecia como una tarea ardua y para muchos como una necesidad, comprensible si tenemos en cuenta la inherencia de la tecnología en la historia del ser humano, más compleja aun en un territorio cuyos límites han sido forzados a cerrarse ante la evolución. Sin embargo, en el interior de sus anacrónicas barreras, surgen nuevos focos en las ‘texturas’ de un tiempo histórico particular, “donde las diversas capas de nuestra sociedad se desarrollan a velocidades y a ritmos radicalmente diferentes” (Jiménez, 1997). Entre estos, surge desde la virtualidad el proyecto de AWA Cultura, un ecosistema enfocado en la promoción, enseñanza, exhibición y comercialización del arte del país.


Vista de lobby: AWA Cultura.


Entre las adversidades del panorama pandémico, la propuesta de AWA Cultura aparece en una situación que hace ventaja de los nuevos espacios de comunicación: móviles, cables y ondas de apariencias inmateriales. Ventaja basada en la plena razón de los enlaces dactilares, puntuales con el ahora de las mil pantallas y la reafirmación de la epidermis como nueva e implacable barrera. En este espacio virtual, de inmediatez y extraña cercanía, se presentan sus primeras exposiciones: la individual Memento Mori de Aglaia Berlutti, la muestra colectiva Incubatio, y la obra primera de Juan Pablo Valdivieso, Bloom.


Pero presionar el pedal del instante implica retos firmes para el logro de una verdadera conciencia de la inmersión en el mundo digital, en el que el mejor antecedente histórico al que podemos hacer referencia es la invención de la cámara fotográfica, tras la cual convertirse en un objeto de masiva popularidad cambia en totalidad la forma de mirar: luego de la cámara “ver nunca fue lo mismo” (Brea, 2010). Ante ella, la aparición del ojo técnico, así como de los mecanismos necesarios para la producción de imágenes ‘modernas’ implicará entonces mucho más que el acceso a sus aparatos y recursos, sino una estructura teórica y comprensiva que, como andamios, sostenga todo un nuevo ámbito de visualidad. En el caso particular de AWA, una visualidad hecha basada en la inmaterialidad acorde con la imagen contemporánea, aquella que despegada de lo corpóreo, habita en un nuevo mundo, en un limbo de ubicuidad.



Vista de Sala 1: Incubatio (Colectiva: Eric Mejicano, Cori de Veer, Ricardo Arispe, Sebastián Llovera, Jesús Briceño, Vasco Szinetar, Aglaia Berlutti, Robert Montilla).


Frente a esta circunstancia, afirma Giorgio Agamben que ya las imágenes han dejado de ser cosas, para volver a su esencia de especie, visibilidad y apariencia, instaurando la era de la (re)productibilidad electrónica, “fundamentada en un régimen de experimentación que invalida la tradicional distribución de la diferencia”, alrededor de la promesa de individuación, “para optar por una ontología clónica para la que no existen singulares” (Brea, 2010). Así, múltiples, infinitas y omnipresentes las imágenes hoy nos rodean de maneras nunca antes vistas.


Con este desafío por delante, AWA Cultura se vale de su homónimo líquido, fluido, como lo es agua, para ‘derretir los sólidos’ de una tradición expositiva erosionada por las costumbres y los protocolos propios de su naturaleza. Mientras tanto, nuevas dificultades operativas se suman –y sumarán– en la apuesta por la avanzada tecnológica, en la ya complicada existencia de los miembros tardíos del club de la modernidad: el internet más lento de la región, las continuas fallas eléctricas y la correcta utilización de los medios tecnológicos en pro de un progreso real. No obstante, desde hace mucho la revolución tecnológica se ha puesto en marcha en el resto del mundo, y para intentar alcanzarla, no podemos esperar a tenerlo todo.






Para acceder a AWA Cultura: https://awacultura.com/


Referencias:


Bauman, Zigmut (2000): Modernidad Líquida. México D.F, Fondo de Cultura Económica.


Brea, José Luis (2010): Las Tres Eras de la Imagen. Madrid, Akal.


Jiménez, Ariel (1997): ‘Tradición y ruptura’. En: La invención de la continuidad. (cat.exp.). Caracas, Galería de Arte Nacional.












Manuel Vásquez-Ortega (1994) es arquitecto por la Universidad de Los Andes (2018), donde actualmente se desempeña como Profesor del Departamento de Materias Históricas y Humanísticas. Desde el 2017 es coordinador de Espacio Proyecto Libertad. Reside y trabaja en Mérida, Venezuela.

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